Ombligo del Mundo

El espacio plegado

Posted on: marzo 13, 2007

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Narrativa Digital. Literatura y literaturas en la sociedad digital. Nuevas formas de comunicación, nuevas formas de creación

Entrega Nro. 3
Viene de: Guión Multimedia

La pantalla se erige como el espacio de convivencia de lo multimedia. Este singular recinto, capaz de dar corporeidad a los contenidos virtuales, es un escenario abierto, de libre acceso que desarrolla la obra alrededor del lector, que forma parte de la representación, pues sin su actividad, los actores no aparecen sobre el escenario, no declaman sus líneas dramáticas. Esos actores requieren de un sólido y cómodo anfiteatro, con la distribución apropiada para permitir la integración de un discurso fragmentado. Dentro de esta búsqueda, la arquitectura del teatro se cambia por el diseño gráfico que dispondrá del espacio de la pantalla; y la dirección de escena, por la programación; dos artes que se añaden a las tradicionales que interactúan en el formato multimedia, para colonizar un territorio todavía agreste.

En la construcción de libros móviles y desplegables ya existía esta coordinación entre el autor y el diseñador para optimizar el aprovechamiento del espacio. De hecho, un término que proviene de la industria del libro móvil ha sido asimilado por los navegantes del ciberespacio para nombrar aquellas ventanas que saltan a la pantalla, aún sin haber sido solicitadas. Pop–up definía al mecanismo de algunos libros infantiles, en los que, al abrir las páginas, saltaba una imagen tridimensional, hecha con cartón plegado.

No obstante esta antigua y próspera relación entre el papel y sus efectos, la nueva retórica necesita adquirir su propia identidad frente a métodos anteriores aplicados al códice: “Esta insistencia en la metáfora de la página tiene su contrapartida, y es que dificulta ver la pantalla como un espacio de escritura y lectura distinto al de una hoja de papel. Y, desde luego, la pantalla no es una página. La utilidad de un principio se vuelve freno hoy para ensayar otra forma de entender el espacio de la pantalla, que es un espacio de tiempo, el que se mantienen sostenidas las palabras en un clic y otro del lector (…). Si nos liberamos de la atadura de la pantalla como una página, podremos llegar con más facilidad a ver que la pantalla es un espacio de tres dimensiones, no una superficie de dos. (…) Lo interesante es que en el espacio digital –otra de sus atractivas posibilidades– puedo plegar no el papel, sino el texto; y un texto plegado es un hipertexto” (Chartier & Rodríguez de las Heras, 2001: 33).

Ahora bien, el códice siempre ha permitido un acceso no lineal, pues el usuario puede abrir las páginas en cualquier lugar, leer la plabra escrita en cualquier párrafo: no existe un impedimento físico a obrar de esta manera. Pero ¿qué sucedía con el discurso entonces? La traba mayor para que se rompiera la linealidad de la lectura, a pesar de la facilidad que provee el códice es que el discurso pierde su coherencia. Es decir, que el códice ya había permitido un discurso fragmentado, como no lo hizo el rollo, pero que esta novedad no entusiasmó en absoluto a los creadores. ¿Por qué, entonces, se va a imponer este tipo de discurso ahora, cuando no lo hizo antes? Creo que debido a dos razones. 1) Las diferencias entre un soporte y otro en cuanto al tratamiento del texto: el espacio de la pantalla es infinito; el de la hoja, no. 2) A la facilidad que proporciona el nuevo medio para que el creador dirija la lectura fragmentada hacia diversas alternativas, sin que el salto narrativo represente ninguna búsqueda dentro de la máquina de confinamiento (el ciberespacio) y el lector no pierda tiempo ni concentración.

En cuanto a la capacidad del formato para permitir la comunión entre artes de distinta naturaleza, en la pantalla las artes se exponen sin jerarquías ni avasallamientos, aunque en ocasiones simulen atroces combates: “Parece que texto e imagen luchan por ocupar cada uno de ellos toda la superficie de la pantalla, y si bien en algunas ocasiones parece que la imagen o el texto se ha hecho con la pantalla es sólo una impresión pasajera pues al poco se restablece la lucha de contrarios (…) La pantalla no va a ser sólo el espacio de lectura y de escritura, el espacio donde las grandes masas de información tienen que aparecer, sino que a la vez tiene que ser un espacio de relación, un espacio de incertidumbre, en el que nosotros podamos actuar para movernos por la información contenida en los soportes de alta densidad” (R. de las Heras, 1991: 101, 50). Comparten la escena, a veces se superponen o se ocultan o aparecen juntas, con lo que, dentro del orden primigenio dado por el diseñador y el autor, el lector decide cuál actuará cuándo.

Autor:Doménico Chiappe

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1 Response to "El espacio plegado"

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